Hace algunos días caminando entre la gente, alguien se acercó y me preguntó la hora, a lo cual le respondía dejando en aquella persona una leve sonrisa. Al parecer llevaba algo de prisa, sin embargo permaneció unos cuantos segundos pensando en lo que había dicho y regresando esa pequeña sonrisa.
Algunas veces nos podemos encontrar con personas que, sin saberlo, tienen una conexión con nosotros mismos, tal como si se tratase de aquella “alma gemela”, pero no nos damos el tiempo de reconocerla, y mucho menos de pensar en su existencia.
Alguna vez alguien me preguntó si creía en ese cuento de encontrar a tu “Twin Soul” y al darle una respuesta afirmativa, me cuestionó de nuevo: ¿Pero en realidad crees en esos cuentos de niñas? Como si de verdad existieran los príncipes encantados y las bellas doncellas que esperan te aparezcas en su balcón.
Angustiado por saber que creía en eso, me adelanté a contestar: No necesariamente es un príncipe o una doncella, puede ser mayor o más joven que tú, y no necesariamente deben de vivir felices para siempre, como en esas historias de niñas. El alma gemela, continué; puede ser aquella persona que se encuentra contigo y se convierte en tu mejor amigo, puede ser hombre o mujer, no importa, no necesariamente tendrás que hacer una familia con él/ella.
Sonriendo me dijo que tenía razón y que lo más seguro es que esté tan cerca, que no puede distinguirla. Se convenció después de una larga plática. Las Almas Gemelas están ahí, con nosotros, para nosotros y por nosotros, es cuestión de dar tiempo a cambio y regresar las atenciones. Regalar una sonrisa a cambio de otra.
Cuantas veces hemos estado corriendo contra reloj por completar la rutina diaria, atender trabajos, escuela, asuntos familiares, que no nos hemos dado cuenta que estamos olvidando un lado especial en el espacio que ocupamos: HUMANIDAD.
Podemos caminar entre la gente, y pensar que tenemos todos los problemas habidos y por haber, y que nadie necesita atención más que nosotros. Y si alguien llegase a pedirnos una mano, simplemente damos la vuelta, cerramos los ojos y olvidamos aquello como si se tratase de una hoja caída, impulsada por el viento que apenas y rozó nuestra mano. Pero si fuera nuestro caso, haríamos lo imposible por que otros nos tendieran la mano y tacharíamos de ingratos a aquellos que nos den la espalda.
Hasta dónde es necesario llegar para que veamos que todos necesitamos de todos, y que debemos dejar de lado cuestiones sociales, raciales, económicas, físicas…
¿Qué es necesario que pase para poder sentirnos apoyados y que otros sean capaces de ayudar sin esperar nada a cambio?
Una vez, solo una vez podremos ser capaces de escuchar a los demás y no velar por nuestros propios intereses.. pero..
si no nos detenemos a escuchar el viento, una vez,
sólo una vez, no creo que seamos capaces de poder ayudarnos a nosotros mismos.